Lo que tienen en común: comer, lengua y autoestima
Hay situaciones cotidianas de la crianza que parecen no tener relación entre sí: lograr que un niño coma, transmitir una lengua heredada o educar sin premios ni castigos constantes. Sin embargo, todas comparten un mismo eje: la manera en que nos comunicamos con nuestros hijos.
Hablar para que un niño coma
Cuando insistimos, presionamos o negociamos (“si comes te doy un premio”), el foco deja de estar en la comida y pasa al conflicto. En cambio, cuando hablamos desde la calma, explicamos, damos ejemplo y respetamos el ritmo del niño, el acto de comer se vuelve una experiencia segura y predecible. El mensaje implícito es: confío en vos y en tu capacidad de escuchar tu cuerpo.
Transmitir una lengua heredada
Con la lengua pasa algo muy parecido. No se transmite a través de la obligación ni de la corrección constante, sino del vínculo. Cuando un niño asocia una lengua con afecto, juego y conexión emocional, la adopta de forma natural. La lengua no se impone: se comparte.
Criar autoestima sin sobornos
Educar sin sobornos ni chantajes implica confiar en que el niño puede desarrollar motivación interna. En lugar de “si haces esto te doy aquello”, se pone el énfasis en el sentido de las acciones, en el reconocimiento genuino y en la autonomía. Así se construye una autoestima sólida: basada en la capacidad, no en la recompensa.
El punto en común
En los tres casos, el factor clave es el mismo: una comunicación respetuosa, coherente y consciente. Hablar menos desde el control y más desde el acompañamiento. Menos presión, más presencia.
Al final, no se trata solo de que coman, hablen una lengua o se porten bien. Se trata de criar personas que confíen en sí mismas y en el vínculo con quienes las rodean.